El bullying o acoso escolar es la agresión entre pares que se muestra ya sea mediante maltrato físico, verbal, psicológico y/o social (mediante actividades que excluyen a la víctima del grupo al que pertenece) y que se presenta durante un tiempo considerable y que es recibido por un niño por parte de uno o más niños, mismos que se comportan con de manera cruel con el simple objetivo ya sea de asustarlo, atemorizarlo e incluso someterlo ya sea para sacar de él una ventaja o simplemente por diversión, para satisfacer sus necesidades agresivas y ganar poder

Para que el bullying cumpla con la función de provocar la exclusión social de la víctima se necesita que este ocurra no una sino muchas veces ya sea mediante burlas, amenazas, agresiones físicas, aislamiento sistemático, etc.) y aunque suele estar provocado por un alumno, generalmente vemos a este alumno ser apoyado por un grupo, contra un niño más débil o pasivo que no sabe cómo defenderse

Y aún cuando esto provoca cambios repentinos y negativos en el comportamiento de un niño, muchas veces los padres ignoran durante mucho tiempo lo que sucede pues el miedo que se le tiene al agresor es tal que el niño no acude a pedir ayuda.

Hace poco una mamá que acudió a consulta me comentó que su hijo estuvo recibiendo bullying en su colegio por parte de un grupo de niños lidereados por otro durante 4 años y la mamá jamás supo que esto sucedía (aunque ella acudió a consulta porque su otro hijo, el pequeño era muy agresivo y a pesar de tener 2 años agredía y hacía llorar al mayor de 8) y claro, como es de suponerse la problemática emocional de un niño que ha recibido bullying durante tanto tiempo es severa.

Por lo tanto, como padres debemos estar muy al pendiente de las señales que nos mandan nuestros hijos para saber si esto está o no ocurriendo con ellos ya que se mantiene debido a la ignorancia o pasividad de las personas que rodean a los agresores y a las víctimas aún cuando no lleguen a intervenir directamente.

  • Cambios en el comportamiento del niño
  • Cambios de humor.
  • Tristeza, llantos o irritabilidad.
  • Pesadillas, cambios en el sueño y/o apetito.
  • Dolores somáticos, dolores de cabeza, de estómago, vómitos…
  • Pierde o se deterioran de forma frecuente sus pertenencias escolares o personales, como gafas, mochilas, etc.
  • Aparece con golpes, hematomas o rasguños y dice que se ha caído.
  • No quiere salir ni se relaciona con sus compañeros.
  • No acude a excursiones, visitas, etc. del colegio
  • Quiere ir acompañado a la entrada y la salida.
  • Se niega o protesta a la hora de ir al colegio.

Aunque no es regla, vemos en la mayoría de las veces que los niños agresivos imitan a sus padres, otros adultos o compañeros. Así que si los padres acostumbran castigar mediante violencia física o verbal se convierten en modelo para el niño de esas conductas agresivas.

 

Hemos visto también en muchas ocasiones que tanto un padre poco exigente, como uno demasiado severo, fomentan el comportamiento agresivo en los niños por lo que reiteramos que ninguna postura extrema es conveniente al educar a un hijo.

 

Otro factor importante que desarrolla agresividad en los niños es la incongruencia en los padres, pues hoy en día no podemos ponernos de acuerdo en qué hacer con los malos comportamientos en los niños y sucede con mucha frecuencia que mientras el padre regaña al hijo, la madre lo solapa o viceversa (o incluso un padre arremete al otro en presencia del niño o lo hace solo con el niño hablándole mal del progenitor ausente)

 

Por lo tanto se sugiere que podamos “estar” con los niños y supervisando su juego y los contactos que tiene con la gente dentro y fuera de la familia evitando lo más posible el contacto con personas agresivas, juegos de video y programas violentos (aunque estén muy “de moda” ya que de no hacerlo, permitimos que los niños los vean como si fueran “normales”)

 

Es vital enseñarle a los niños a permanecer calmado ante las provocaciones y escuchando las necesidades del niño evitando que se frustre y reaccione de forma inadecuada y para esto el ejemplo es vital (es necesario que el niño vea como nos frustramos porque se nos atravesó alguien al ir manejando por ejemplo, y que no por eso lo agredimos)

 

Los niños se comportan agresivamente también debido a que no cuentan con herramientas o alternativas para manejar sus frustraciones y peor aún porque los adultos a su cargo muchas veces nos encargamos de que no tenga frustraciones y por lo tanto no aprende a manejarlas (ahora vemos que hasta es culpa de la maestra el que el niño no haga la tarea porque “el pobrecito tenía que jugar” pero ya nada es culpa del niño ni de nosotros los padres, y si una consecuencia tiene que cumplir el niño por una mala elección nos peleamos con quien sea y como sea para “defender al indefenso niño” de lo que es “su culpa”).

 

Y si esto fuera poco, hay padres que toman como algo “gracioso” el que el niño les pegue y fomentan esto como juego lo que hace que más tarde el niño lo repita en otros escenarios: parque, escuela, etc. con otros niños. También hay papás conscientes de que el niño no debe agredirlos y que esto no es un chiste pero no hacen nada para evitarlo y solo dicen “¿cómo le hago para que no me pegue?”

 

Si quieres ser agente de cambio no solo para tu familia sino también para la sociedad, te dejamos aquí las siguientes recomendaciones:

  1. Supervisa el juego atentamente para poner alto inmediato a conductas agresivas en el juego de tú hijo.
  2. Cuando veas que alguien en la calle o programa televisivo usa un acto de violencia, como morder y pegar, no lo justifiques y haz que reflexione en las consecuencias y sentimientos de quienes los cometen.
  3. Dile a tu hijo qué hacer, es decir, dale alternativas que no sea pegar cuando esté alterado (siempre hay que decirle lo que “debe hacer” y no solamente lo que “no debe hacer”) y práctica con él, conductas de este tipo.
  4. Comentarios como “si te pegan, ¡pega!!!” solo conduce a la agresión por lo tanto hay que enseñarle al niño a defenderse sin utilizar la agresión, con muchas alternativas en donde la agresión no esté presente o sea el “ultimo” recurso (aquí es importante recalcar que el niño SIEMPRE DEBE DEFENDERSE, incluso defenderse no es una opción, es su obligación, pero defenderse no es ni será nunca sinónimo de agredir)
  5. Es importante reforzar los comportamientos no agresivos del niño felicitándolo cuando se lleve bien con otros y dándole alternativas asertivas para resolver conflictos.
  6. No etiquetes a tu hijo como “agresivo” porque así lo tratarán los demás y no lo dejarán salir fácilmente de esta etiqueta. Ten mucho cuidado cuando hables de este comportamiento ante otras personas o ante tu propio hijo pues tus comentarios pueden etiquetarlo ante los demás y ante sí mismo
  7. Si es necesario, controla la agresión impidiendo físicamente que el niño agreda (con la técnica de la contención) pero tú no lo agredas
  8. Trata de mantenerte firme pero tranquilo pues si te enojas y le gritas cuando agrede él sabrá que puede usar la agresión para tenerte bajo su poder.
  9. Si la agresión continúa, el “tiempo fuera” puede ser muy útil como consecuencia de sus actos agresivos

 
Haz cumplir estas reglas en forma estricta e invariable. Si la agresión es exagerada y persiste después de esto, deberás buscar ayuda profesional

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